LOS ESTILOS ANTIGUOS
Tanto en los rollos de
papiro como en los códices, los textos en prosa se escribieron
en dos columnas. Las palabras no se separaron hasta el siglo IX, aunque
en algunos textos e inscripciones se utilizaron unos puntos y unas marcas
que cumplían esa misión. Estas prácticas explicarían
los muchos errores de transcripción que cometieron los escribanos,
que solían ser personas poco cultas o descuidadas.
Durante mucho tiempo
resultó complicado descifrar los manuscritos medievales como
consecuencia de estos errores en las copias, así como por el
uso de contracciones, abreviaturas y enlaces que se utilizaban por dos
motivos, por ahorrar trabajo y por economizar materiales que eran muy
caros. Rara vez se usaban las abreviaturas en los primeros manuscritos,
pero con el paso del tiempo se fueron haciendo cada vez más frecuentes.
Los escribas de la antigüedad
empleaban dos estilos que se conocen como escritura libraria, que se
hacía a mano, y otro más rápido, también
a mano, que se ha llamado cursiva documental, empleada para los documentos
que no eran literarios, sino relacionados con la vida diaria. Los manuscritos
que existen de los autores clásicos están escritos bajo
la forma libraria o bajo una forma de influencia cursiva que se desarrolló
a lo largo de la edad media.
Todos los manuscritos
griegos y latinos que se escribieron en la edad antigua y en la medieval,
se clasifican bien dentro de la escritura en mayúscula, esto
es, de letras grandes, o en minúscula, de letras pequeñas.
La escritura en mayúsculas se subdivide en: (1) capitales, ya
sea en trazos cuadrados, realizados con mucho cuidado para que sus ángulos
recuerden las inscripciones en piedra, o de capitales llamadas rústicas,
más alargadas y de trazos oblicuos y pequeños cruces realizados
con más libertad; y (2) unciales, que son las capitales modificadas
por trazos curvos y ángulos, que eran más fáciles
de trazar. La escritura en minúsculas es el resultado de escribir
mayúsculas con rapidez y consecuencia de la influencia de la
cursiva; las letras cambian de forma y se hacen más pequeñas,
pero la escritura en minúsculas es diferente a la cursiva en
muchos casos.
LA ESCRITURA GRIEGA
El primer papiro griego
de carácter literario es un fragmento de los Persae del poeta
Timoteo, que está escrito en letras capitales, parecidas a las
de las inscripciones. Los documentos precursores de la escritura uncial
aparecen en el siglo I d.C., y sus características esenciales
se pueden seguir en los papiros hasta los siglos VI y VII d.C. En la
historia de los papiros griegos se pueden distinguir tres periodos:
el tolemaico, desde el 330 hasta el 30 a.C.; el romano, desde el 27
a.C. hasta el 305 d.C., caracterizado por los trazos redondeados y adornados;
y el bizantino, desde el 360 hasta la conquista de Egipto por los árabes
en el año 640, caracterizado por un estilo decorativo.
Los manuscritos más
antiguos son los tres grandes códices unciales de la Biblia:
el códice Vaticano, el códice Sinaítico y el códice
Alejandrino de los siglos IV y V. Son tres manuscritos en griego del
Nuevo Testamento que están escritos básicamente en caracteres
unciales y sobre unos rollos de papiro. En torno al siglo VII la escritura
inclinada uncial es la más corriente; se caracteriza por los
contrastes entre los trazos gruesos y los suaves, y se la conoce como
uncial eslavona porque sirvió de base al alfabeto eslavo.
LA ESCRITURA ROMANA
La paleografía
latina comienza con los caracteres en mayúscula, como se comprueba
en los manuscritos más antiguos que existen, caso de las obras
de Virgilio de los siglos IV al V d.C.; eran caracteres capitales, cuadrados
y rústicos. Tanto la forma libraria como la uncial se emplean
desde el siglo V al VIII, y están presentes en las obras bíblicas
y patrísticas. La forma cursiva se generalizó, y como
estaba muy influida por la mayúscula libraria, se creó
un estilo nuevo denominado semiuncial, que se convirtió en la
forma popular libraria con sus modificaciones. Esta forma clara y hermosa
influyó en la libraria medieval. A partir del siglo VII casi
toda la escritura libraria era en minúsculas, resultado de una
evolución de la cursiva que realizaron los copistas quienes incluyeron
rasgos de la uncial y la semiuncial. Los primeros ejemplos del estilo
cursivo se encuentran en los letreros de las paredes y en tablillas
enceradas que se han encontrado bajo las ruinas de la ciudad de Pompeya,
escritas todas ellas antes del año 79 d.C. A partir de las letras
cursivas se han desarrollado las letras minúsculas y se han convertido
en los llamados estilos nacionales que aparecen en la edad media, donde
cada nación adoptó su propio estilo.
EVOLUCIÓN DE
LOS ESTILOS NACIONALES
Durante la edad media
aparecieron siete grandes estilos caligráficos: el lombardo del
sur de Italia, que se practicó en los monasterios italianos de
La Cava y Montecassino; también conocido como beneventanocasiense,
se empleó entre los siglos IX y XIII. El visigodo, que se utilizó
en la península Ibérica entre los siglos VIII y XII. No
se puede hablar de una sola forma de escritura, pues en esos momentos
los árabes rigen Al-Andalus y surge una síntesis de culturas,
a la que no escapa la escritura, que muestra su estilo en los manuscritos
mozárabes. Aquí las letras son de menor tamaño
que en la escritura uncial y semiuncial. Los códices, que son
documentos históricos y textos literarios, dan lugar a toda una
escuela de iluminadores o ilustradores (llamados beatos), cuya mejor
expresión la representa el Beato de Liébana. Su obra Comentarios
al Apocalipsis de San Juan y a la profecía de Daniel está
ilustrada con gran riqueza iconográfica e incorpora una forma
colorista y brillante de adornar las letras iniciales de cada sección,
así como la figura humana. A partir del reinado de Alfonso X
(siglo XIII) la escritura recibe la influencia francesa, nunca ausente,
del estilo gótico. El llamado estilo insular, presente en Inglaterra
e Irlanda es más conservador que el continental y procede de
la escritura semiuncial; es de trazos angulares y fue llevada a Irlanda
durante los siglos IV y V.
Durante los siglos VII
y VIII, en Francia aparece el estilo precarolingio o merovingio, que
se modificó durante el reinado de Carlomagno, momento en el que
se presta una gran atención a la copia de manuscritos anteriores.
Los copistas, que escribían sobre un pupitre, produjeron una
caligrafía sencilla y muy hermosa sobre la base de las letras
semiunciales que se llamó minúscula carolingia. A partir
de ese momento cada nación de Europa crea su propia escritura
al reformar esta grafía que todos conocían.
En el siglo XII se extiende
el uso de la llamada escritura gótica, o letra negra; era una
modificación de la minúscula carolingia que había
sustituido las curvas de sus trazos por ángulos. De difícil
lectura, no sólo por su carácter angular, sino también
por el uso excesivo de contracciones y abreviaturas, aunque en otro
tiempo fue la forma elegida para la imprenta, hoy apenas se usa.
El renacimiento del estilo
carolingio tuvo lugar en Italia durante el siglo XIV, donde se desarrolló
un estilo muy bello y regular, que condujo a la llamada caligrafía
humanista del siglo XV, y que triunfó por su claridad y por haber
recuperado las letras romanas de la escritura semiuncial del primer
periodo. Estas minúsculas son las precursoras de las letras que
hoy están vigentes